Mariana despierta
y una muestra de falta de recursos
creatívos el hablar directamente con el lector.
Quien lo haga debería ser condenado a la hoguera”
Mariana era esa clase de persona que nace de la unión de una semilla roja y una semilla negra, como todas las personas, y sabiendo su origen gustaba de enterrar semillas diferentes juntas y ver sus resultados. Plantas, evidentemente, pero no solo eso, las plantas luchaban por su espacio al crecer y algunas veces se simbiotizan y se enredan entre sí, sosteniéndose una a la otra. Mariana se sabía semilla roja y se sabía semilla negra, pero también sabía cómo no podía dejar de ser ambas. Sin semillas, Mariana no es.
Mariana era esa persona que la gente ve como extraña, de costumbres diferentes a las comunes y gustos aún más diferentes. Quién preferiría enamorarse de un dibujo animado que de una persona real, porque las personas lastiman, son egoístas y critican a quienes no son iguales. Porque Mariana no era esa clase de persona que teme a todo lo que es diferente, como todas las personas, porque algo diferente que se aproxima hacia el entorno puede cambiarlo. Puede ser como una crisis en y puede que por la intrusión de un extraño lluevan espinas en vez de agua.
Un día en su camino habitual de las tres de la tarde, ella subió al mismo pesero de siempre, y se dispuso apagar sus habituales dos pesos cincuenta centavos y se deseó lo suficientemente afortunada como para encontrar un lugar donde sentarse para llegar a su casa en media hora después, pero todo era diferente, no eran las mismas monedas. ¿Qué pasa si quiero que las monedas sean cuadradas? –se preguntó- y en ese momento se dio cuenta de que las monedas, en efecto, eran cuadradas.
No pudo hacer menos que sorprenderse al ver monedas cuadradas en sus manos, pero no tuvo tiempo de comprobar que realmente tuviera monedas cuadradas, porque tuvo que entregarlas. Pero Mariana pensó y me permito hacer una pausa y hablar con el lector.
-No es la idea aquel asunto cuántico de que la percepción de la realidad la afecta. No por creer que las monedas sean cuadradas y que llueven espinas, es así, solo es para el perceptor lo que él quiere que sea. Si en este momento, por burdo ejemplo, me diera la gana terminar el cuento en que Mariana explota sin razón aparente –situación que obviamente, manejaría con mi ya conocido humor-, podría hacer que lo fuera y el lector no tendría más opción que creer que Mariana murió antes de saber si sus monedas eran cuadradas, como he dicho tantas veces antes, el lector está a mi merced. Pero no es la idea aquel asunto cuántico de que la percepción afecta la realidad. En el mundo real llueve agua y en el mundo real, inevitablemente, el pez grande se come al pez pequeño. Uno puede arrullarse con la idea de que no es así, pero es como si yo en este momento declarara como ley que el aire moja (y realmente no puedo esperar a que llegue el primer estúpido inteligente a decirme que el aire tiene humedad), todos sabríamos que no es así. Por más que me esfuerce, el pez grande seguirá comiendo a sus semejantes y el aire seguirá no-mojando. No he cambiado la realidad, solo su percepción-
Monedas cuadradas. Tal vez podría intentar otra cosa, ¿y qué si quisiera que el pesero volara? –pensó- y no pudo hacer menos que sorprenderse al sentir que el suelo se le alejaba y que las ruedas se separaban del pavimento. Aunque extrañamente, nadie más que ella se sorprendió por el pesero volador que los transportaba. Tal vez esto sea algo común para ellos –pensó- y las cosas ocurren cuando Mariana piensa y pensó también que podría encontrarse en alguna especie de sueño, y se esforzó en despertar, pero era imposible.
Tiempo después el pesero volvió a la tierra y Mariana entro a su casa, abrió la puerta principal de madera, subió las escaleras que esta vez parecían más extensas que nunca y entró a su cuarto. Se lanzó sobre su cama y comenzó a llorar por el pánico de que sus pensamientos cambiaban el mundo. ¿Y qué si deseara el fin del mundo? –pensó entre lágrimas- pero se arrepintió inmediatamente al escuchar una fuerte explosión y deseó que el mundo no se acabara. Pero también pensó en el daño que podría hacer si tuviera un deseo semejante y no lo controlara. Entonces hizo lo que cualquier héroe inexistente hubiera hecho, deseó no haber existido, que nadie notara si ella estaba o no. Pero ese deseo no se cumplió, deseó dormir hasta saber lo que podría hacer con semejante poder sobrehumano, pero tampoco le fue cumplido. Entonces, al verse en su cama cubierta de lágrimas, fue cuando creyó darse cuenta de que realmente estaba soñando, o que había perdido sus poderes. No pudo hacer menos que sorprenderse al despertar en la cama de un hospital en el que estuvo en coma por tres años.
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